Ya que la idea es “ir delineando una posición de Izquierda Nacional en los comienzos del siglo XXI”, creo conveniente continuar con un punto que además de importante creo es en el que no estamos todos totalmente de acuerdo, y es el del “núcleo mismo de una posición de IN” o, como dice el compañero Demonte, “sello distintivo de la IN”
Tanto Demonte como Cangiano consideran importante (sino fundamental) el papel antiimperilista del sector nacionalista del ejército en un proceso de revolución nacional. En el mail anterior marque mis diferencias al respecto, pero como lo retoma Demonte creo necesario reafirmar mi posición.
Como dije anteriormente “No debemos atarnos a estrategias del pasado, sino tener bien en claro cual es ‘el núcleo mismo de una posición de IN’ y creo que ese núcleo, teniendo en cuenta lo dicho más arriba respecto a la revolución rusa, es el comprender que nuestro norte, como marxistas que somos, es la destrucción del capitalismo, y que dicha tarea comienza en los países periféricos por una revolución nacional que dirigida por la vanguardia revolucionaria del proletariado debe ser profundizada y recorrer el camino al socialismo.” Es decir (y disculpen si soy redundante) los marxistas de la IN entendemos, a diferencia de los demás marxistas, que en los países coloniales y semicoloniales (o periféricos, como gusta decirse ahora para ocultar la condición dependiente de esa “periferia”) antes de la revolución social hay tareas nacionales, democráticas burguesas pendientes que hay que resolver. La contradicción fundamental en nuestros países no es burguesía-proletariado, sino país opresor-país oprimido, y por lo tanto cualquier partido que se precie de revolucionario debe atender esta primera contradicción.
Al comprender esta premisa entendemos que el sujeto opresor no es la burguesía nativa sino la gran burguesía imperialista y por lo tanto la lucha de la clase obrera debe darse en esta primera instancia no aislada de las demás clases oprimidas por el imperialismo (que no son solamente los sectores sumamente empobrecidos, sino también la “pequeña burguesía, comerciantes, profesionales, empleados, sacerdotes y militares”) sino en unión (frente nacional de liberación).
Ahora bien, como nosotros somos marxistas y no nacionalistas, no nos conformamos con la liberación nacional sino que buscamos la revolución social, es decir, la destrucción del capitalismo y la construcción de un nuevo sistema social que no se base en la explotación del hombre por el hombre sino en la cooperación entre los hombres; y comprendemos que la revolución nacional no es un proceso a parte de la social sino que es la primera etapa de un proceso único, la revolución socialista, la cuál sólo podrá ser alcanzada siempre y cuando la revolución sea acaudillada o conducida por la vanguardia proletaria organizada en un partido unificado y disciplinado.
Atento a lo dicho comprendemos que “el sello distintivo”, “el núcleo mismo de un posición de IN”, no es de ninguna manera “el incluir a los militares en el frente antiimperialista”, ni que “la única salida revolucionaria posible” sea la “irrupción de un sector nacionalista de las FFAA”. Nosotros nos diferenciamos de las demás izquierdas cipayas en que comprendemos la cuestión nacional, buscamos construir un partido obrero revolucionario que acaudille la revolución nacional y transforme la sociedad. Nuestro militarismo no una premisa fundamental sino un posicionamiento estratégico según las condiciones objetivas del pasado. Nuestra premisa fundamental es y debe ser la construcción del socialismo a través de la vanguardia proletaria, quien no debe renunciar a ningún tipo de compromiso (como el que se asumiera en el pasado con sectores nacionales de las FFAA) que lo ayude a conseguir su meta. Pero estas alianzas o compromisos no pueden condicionarlos en nuestro objetivo final. Es decir, asumir una alianza o compromiso con sectores nacionalistas del ejército, no nos puede hacer militaristas, ni atar la consecución de nuestros objetivos a esta tendencia militar que puede o no existir (como existió en el pasado y como está ausente en el presente).
La inclusión de los militares en un frente nacional depende absolutamente de ellos, no es nuestra tarea incorporarlos. Nuestra tarea es formar un partido obrero revolucionario unificado y disciplinado con el cual llevar la revolución nacional hasta sus últimas consecuencias, es decir la revolución social. Si algún sector nacionalista del ejército (o de la iglesia, o de la pequeña burguesía, etc.) se incorpora a la lucha nacional, bienvenido sea. Pero eso no nos permite atar nuestras estrategias a un supuesto sector nacionalista del ejército que venga a producir la revolución que nosotros no podemos concretar. Eso es irse la otro extremo, fomentar un militarismo absurdo y suicida.
Como afirme en otra oportunidad, no debemos atarnos estrategias del pasado. Considerar a los militares como un factor de peso en el proceso revolucionario es una conceptualización característica de la IN, pero una CONCEPTUALIZACION al fin y, lo más importante, hecha en condiciones históricas diferentes, cuando en verdad el ejército era un factor de peso. Que lo sea hoy en Venezuela, no nos da vía libre para pensar que también lo es en Argentina. Hoy en nuestro país el ejército no es ni nacional, ni un factor de peso.
Y cierro con lo dicho en el mail anterior:
“Pero lo más importante es que no es cuestión de ‘tener más confianza en un profesor de filosofía, o en un abogado, que en un militar’, sino tenerlo en el pueblo. Nuestra tarea no es esperar el surgimiento de una figura (sea militar, profesor o abogado) salvadora, sino en crear ‘un partido obrero revolucionario independiente dentro de al lucha por la nacionalidad latinoamericana’, lo suficientemente preparado como para llevar la revolución nacional hasta sus últimas consecuencias.”
Un abrazo fraternal a todos, Fernando
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